18 septiembre 2012

un camino de pastillas hasta el horno


A veces  reivindico el suicidio.
Si llorás por Tinelli, matate

Toque

El mundo es un camión de frente sin frenos
y vos en bicicleta con la cadena salida 
y los cordones atados entre sí.
Siempre habrá alguien que goce de tu dolor.
Por más belleza terrenal que reste conocer
no alcanzan ni todas las músicas por escuchar
ni todos los sabores por paladear
ni todas las carnes por perforar
para ponerle freno al instante precedente
en el que el suicida dice ahora,
y salta,  o traga o gatilla
y  ya no está más solo,
nadie  lo escucha, salvo que se queje en su agonía
pero se ocuparán de él
la policía judicial, mínimo
la pena social, un obituario.
El recuerdo de los que  danzaban al ritmo  de sus latidos
y la sonrisa hermética de los que lo empujaron,
sin  usar  las manos.
El último suicida se llevó las letras, las palabras necesarias,
como si jugara a la ruleta rusa, la terminó acertando
en su intento veinte y algo, creo,
no recuerdo, me lo dijo una tarde.
Debía ser por un traumatismo, un vuelo al vacío, un golpe,
no  químicos, ya los había probado a todos,
era inmune, como el insecto que muta
y se acoraza las vísceras
ante el veneno que nada plácido en su sangre, 
como cualquier proteína,
como la necesidad del fin.
Un día me preguntó cuál era el mejor método para matarse
Pensé un segundo, me ubiqué,
estábamos a cuadra y media de Colón.
Le dije: si te tirás debajo de un interurbano no zafás,
pasan cagando por la avenida, 
no le das tiempo a frenar.
Estuvo un minuto mirándome
Hizo resonar su boca y luego preguntó mirando al techo:
Si me tiro de la terraza, ¿vos decís que me mato?
Resoplé  una risa corta.
 _No creo, a lo sumo te romperás algún hueso, y te cagarás encima
salvo que te tires de cabeza .
Aunque  uno,  instintivamente , debe tender  a poner las manos.
A no ser  que te largues con las manos en los bolsillos,
ahí  tenés más posibilidades.
Juan  Castro cayó de un primer piso y palmó, le dije
No sé quien es, me respondió.
Se paró del  sillón color crudo,
puso sus manos en los bolsillos,
cerró los ojos,
lo vi relamerse,
intentó sentirlo.
El dolor de la soledad se le hacía insoportable
Me dejó mi chica, estoy partido, decía,
Y el gesto no se le movía,
era la misma expresión que usaba
cuando hablaba maravillado de las condiciones de Pastore.

Gambeta

Lo último que había escrito estaba en una PC
de alguien que estaba trabajando en la edición
pero por alguna rara cuestión
la máquina se rompió  perdiéndose  así  todo el material,
lo último rescatable que había hecho .
No le salieron más palabras,
todo lo que creaba era mierda,
Escribía y al rato rompía en pedazos el papel
La medicación y las internaciones le habían
arrancado los deseos.
Un desierto de ideas.
Eso es igual a la muerte,
la danza inerte de final rígido.
No volvería a verlo más los lunes ,
se enteró por un mensaje privado de facebook.
Los lunes se habían convertido en documentales  sobre efectos de fármacos
y descripciones de picos de dolor por autoflagelamiento.
Què pena que no nos despidièramos. un abrazo desde acà (sic),
me respondió  el 24 de noviembre,  con todos los acentos  graves
Unos meses después saltó de un séptimo piso.
Salta, a 1200 metros de altura.
Para no errarle.
Por ahí flasheo  en que se tiró con las manos en los bolsillos.

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